Fernando Delgado


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Para establecer contacto con el autor dirigirse a:
Departamento de Relaciones Editoriales del Grupo Planeta.
Teléfono: 91 4230334
Fernando Delgado (Santa Cruz de Tenerife, 1947) publicó su primera novela, Tachero, premio Benito Pérez Armas, en 1973. Le siguieron Exterminio en Lastenia, (Premio Pérez Galdós 1979), Ciertas Personas (1989), Háblame de ti (1993), La mirada del otro (Premio Planeta 1995) No estabas en el cielo (1996), Escrito por Luzbel (1981), Isla sin mar (2002) y De una vida a otra (2009). Su poesía se contiene hasta ahora en cuatro libros: Proceso de adivinaciones (1981) Autobiografía del hijo (1995) Presencias de ceniza (2001), selección de su obra poética con numerosos textos inéditos, y un conjunto de poemas en prosa: El pájaro escondido en un museo (2010).
Periodista en prensa, radio y televisión, licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, también publicó en 1994 Cambio de tiempo (artículos y ensayos), Parece mentira (crónica periodístico-literaria, 2005) y un libro de recuerdos: Paisajes de la memoria (2010). Obtuvo el Premio Europa en Salerno en 1986, el Ondas Nacional de Televisión en 1995 por su tarea de difusión cultural en los telediarios de fin de semana de TVE y el Villa de Madrid de periodismo (Mesonero Romanos) en 2006 por sus artículos aparecidos en El País.
Portada
ENTREVISTAS
3 de mayo de 2012 Diario de Avisos
La Opinión A Coruña El País.com (España)
TAMBIÉN LA VERDAD SE INVENTA

Ya está en las librerías También la verdad se inventa (Planeta), última novela de Fernando Delgado.

Una novela valiente, irónica, desprejuiciada y reivindicativa, que defiende la capacidad o el derecho de cada cual a vivir su propio imaginario.
A partir de una trama donde conviven el humor, el drama y la intriga, Fernando Delgado plantea una reflexión moral sobre los distintos modos de vivir la sexualidad y la necesidad de asumirlos libremente.

* * *

El misterio de Alma
Conductora de un confesionario nocturno en las ondas, Almudena Farizo es “la mujer de la radio en la noche”, una locutora que invita a los oyentes a compartir sus insatisfacciones en el exitoso programa “Suya es la palabra”. Cada noche acoge los testimonios de una colección de seres extravagantes que confían a la periodista sus complejos y obsesiones, relacionados con la voz, determinados rasgos físicos, los nombres que les pusieron sus padres o, en último término, su forma poco ortodoxa de entender la sexualidad.
La mayoría de los participantes en el programa se muestran más bien agresivos y desconsiderados frente a la locutora, que por su parte es descrita como una mujer fácilmente irritable, pese a la labor de mediación que desempeña. La irrupción en antena de una misteriosa oyente anónima, que más tarde asumirá el nombre de Alma, desata un torrente de elucubraciones entre los participantes, que empiezan a especular en torno a su identidad sexual (la voz suena masculina) y las razones por las que se ha puesto en contacto con el programa, pues entra y sale de las emisiones cuando quiere y a menudo se despide de forma abrupta, generando una tensión creciente que provoca la exasperación de Almudena Farizo pero estimula el morbo de la audiencia y sostiene el éxito del programa.
Juego de máscaras
Las intervenciones de Alma se alternan con otras de los oyentes que se interesan por su historia o bien dejan constancia de sus propios casos. A menudo estos esconden sus nombres o sus identidades, sugiriendo un juego de máscaras que responde muy adecuadamente –ya desde el propio título– al planteamiento de la novela. Dualidades, hermanos gemelos, personalidades esquizoides y todas las formas de la ambigüedad sexual se dan cita en un verdadero catálogo de complejos, “desviaciones” o experiencias extrañas que contrastan con la mentalidad en el fondo bastante convencional (más tarde entenderemos el porqué de esta paradoja) de quienes los cuentan.
Entre los personajes encarnados por los oyentes, todos ellos muy locuaces y bastante impertinentes, destacan los que se sirven de dos nombres, como el bisexual Pancracio-Telmo o Jesús-Margot, que ameniza sus intervenciones con impagables recitados de ópera. Otros personajes curiosos son por ejemplo Angélica, la sobrina descarriada de un arzobispo no demasiado ejemplar al que amenaza con llevar a la ruina, o un desvergonzado chapero transexual que se lo hace en el parque, o el tatuado Romualdo, prisionero de un cuerpo en el que ya no se reconoce.
Dos episodios en particular, relatados por la propia Alma, centran el enigma en torno a su figura. Uno se refiere a un cruce de miradas por el que la misteriosa oyente reconoció a un antiguo amigo de juventud. El otro, más truculento y escabroso, es la pista que ella misma proporciona a propósito del abandono de un hombre atado, “desnudo del medio para abajo”, en un pinar de localización incierta.
El caso del hombre atado
Pero el misterio de la identidad de Alma se sobrepone al de la propia locutora, de quien se sugiere que puede estar sirviéndose de un nombre falso. Los capítulos de la primera parte de la novela acaban en todos los casos con mensajes no atendidos en el contestador de Almudena Farizo, dejados por una oyente que ha creído reconocer a una vieja compañera de colegio (de la que se nos dice que fue “roja” en su juventud, ha tenido aventuras fuera del matrimonio y no pasa por un buen momento en la relación con su marido) en la voz de la locutora. Este misterio se añade al otro y por momentos lo supera, aunque al final descubriremos que ambos guardan una relación insospechada.
En la segunda parte de la novela se aclara la identidad de Almudena Farizo y entra en acción la policía, en relación con el caso del hombre atado, que puede interpretarse como consecuencia de juegos o fantasías sexuales. El lector descubre entonces los orígenes y las peculiares circunstancias en que se desarrollaba el programa de radio, dirigido por el primer marido de la locutora, la historia personal de esta y las deterioradas relaciones con su segundo marido, que menudea los esparcimientos fuera del matrimonio.
La antigua locutora y el policía Victoria, encargado de la investigación, mantienen una relación ambigua que deja ver una atracción mutua y en todo caso se traduce en un trato frecuente, del que irán surgiendo las revelaciones del caso. Las últimas implicaciones del mismo, incluido el secreto de la identidad de Alma y la rocambolesca historia de sus andanzas, surgen de la entrevista final con un psicoanalista amigo, Eduardo Braier, que analiza lo ocurrido y hace ver a la mujer que su propia personalidad no está exenta de dobleces o claroscuros.
Una novela coral
También la verdad se inventa empieza como una sorprendente novela coral, protagonizada por una pintoresca colección de “perturbados” cuyas llamadas tienen el denominador común de la insatisfacción, pero poco a poco la trama se va centrando en los dos personajes principales, la mujer de la radio en la noche y la enigmática oyente de la voz de hombre. Ambas se enfrentan en las ondas durante la primera parte y ven unidos sus destinos en la segunda, de un modo imprevisto que pone de manifiesto el trasfondo oscuro que subyace bajo las apariencias.
La novela contiene numerosos momentos cómicos o tragicómicos, pero al hilo de ese contexto relativamente ligero se plantean cuestiones muy serias como la pluralidad de las identidades y prácticas sexuales –que no puede reducirse a las más extendidas– y el modo en que las opciones menos convencionales o en algún caso traumáticas son percibidas –con incomprensión, recelo o abierta hostilidad– por la mayoría de la gente, empezando por el siempre problemático ámbito familiar e incluso por parte de personas formadas y no especialmente conservadoras.
Como en otras novelas anteriores, Fernando Delgado propone una reflexión sobre el tema de la identidad, sexual en este caso, cuyas implicaciones morales van más allá del terreno del sexo. En este sentido, También la verdad se inventa trata de los otros que nos habitan o de esos otros en los que somos capaces de habitar, desde una perspectiva compasiva que invita a entender mejor nuestra propia naturaleza, a menudo dual o no del todo definida, y las vidas y los comportamientos ajenos.
Lo invisible
“Nadie es totalmente varón o mujer”, afirma el psicoanalista, “todos tenemos una bisexualidad constitutiva”. Y en efecto, muchos de los personajes que aparecen en la novela no tienen clara esa diferencia radical entre los sexos, pues la complejidad del ser humano no se limita a dos únicos modos de entender la sexualidad. Precisamente por eso se impone la tolerancia, la comprensión, el respeto a las personalidades singulares o excéntricas, que no pueden ni deben ser estigmatizadas a la ligera. Lo normal, viene a decirnos el autor, es un concepto meramente estadístico.
Pero además, no todo lo que parece normal es como realmente se muestra. Detrás de lo que vemos, hay cosas que no se perciben o que son inconsciente o deliberadamente escondidas. Muchas de las personas a las que creemos conocer, llevan en realidad una doble vida, e incluso el conocimiento que tenemos de nosotros mismos es a veces parcial o bastante limitado. La propia Almudena Farizo, que trata con seres acomplejados desde una cierta posición de superioridad, se oculta tras una máscara y tiene también pendiente, como le hace ver el psicoanalista, el el encuentro con las desconocidas que habitan en su interior.
Hay cosas que ignoramos, pero sobre otras actúa la hipocresía. La misma sociedad que oculta lo que califica de miserias mercadea luego con ellas y las exhibe sin consideración ni pudor. De ello trata asimismo la novela, que censura indirectamente la actitud intolerante de la Iglesia, de los biempensantes que se dejan arrastrar por el morbo o de los medios de comunicación que mercadean con la intimidad ajena. De este modo y en determinados aspectos, la novela puede ser leída, en clave satírica, como una obra sobre la doblez, los disfraces, la fabulación o el engaño.
Poética narrativa
Por encima de la intriga, sabiamente conducida, y del humor, que impregna muchos momentos de la narración, También la verdad se inventa propone un discurso moral de fondo que habla de la “responsabilidad de tratar de comprender” o de una “exigencia ética” al respecto, porque a menudo las personas que no encajan en los moldes consabidos son discriminadas, condenadas a la invisibilidad u obligadas a comportarse de un modo que se opone a sus verdaderos deseos. Compasión frente a la mirada criminalizadora y asunción de la propia naturaleza frente a la tentación de la impostura, son las recetas de Fernando Delgado.
Ya el propio título de la novela, tomado de un verso de Antonio Machado, ofrece una lectura en clave de poética narrativa. Luego uno de los personajes habla de “la ficción como indagadora de la realidad” y, en términos parecidos, la propia locutora afirma que “lo que tiene que hacer la radio no es contar la verdad sino jugar con la imaginación”. Entre la ficción y la realidad de los personajes, que no siempre son quienes dicen ser, o de los episodios narrados, que en algunos casos se presentan a través de una figuración pactada, se mueve una novela cuya verdad última, sin embargo, se presenta inobjetable. Una verdad extremosa, en ocasiones desmesurada, que asume que para retratar a seres complejos es necesario un cierto grado de impureza.

Se ofrece aquí su primer capítulo.
TAMBIÉN LA VERDAD SE INVENTA


© Fernando Delgado 2009

Última modificación: 11 04 2012